La impunidad y arbitrariedad con la que actúan algunos políticos de la entidad raya en lo absurdo, como en el caso de la denuncia de numerosos vecinos del exclusivo fraccionamiento Valle de San Javier, en la capital hidalguense. Ellos manifiestan que no cejarán en su empeño por impedir la destrucción del área verde destinada al uso común de los pobladores de ese conjunto urbanístico. Tampoco permitirán que se cierren dos calles, en beneficio de la Escuela Americana.
El pasado 14 de agosto, los vecinos decidieron derribar más de 40 postes con los que se pretendía instalar una cerca de malla ciclónica alrededor de dos calles. De la misma forma, los ciudadanos impidieron que trabadores de la presidencia municipal de Pachuca prosiguieran con la tala de árboles y terminaran el trabajo de levantamiento de adoquín alrededor de un área verde, a favor de este colegio.
La denuncia de los vecinos del lugar se centra en que miembros del Consejo de Administración de la escuela han decidido apropiarse de las tres vías de tránsito por las que se accede a las instalaciones de este colegio. El personal del citado centro escolar argumenta que la razón de esa medida radica en que “de no continuar con esa transformación, ya no dispondrían de un espacio propio para construir algunas obras necesarias, biblioteca y aulas”.
La velocidad con la que se venían ejecutando los trabajos de limpieza y el cierre de la calle Valle de Santiago y Valle de Anáhuac radica en que a este colegio asisten, entre otros, los nietos de Jesús Murillo Karma, senador de la república; el hijo de Victoria Ruffo, la estrella de televisión y esposa del alcalde de la ciudad; los hijos de Andrés Farsi, el director deportivo del Club Pachuca; los hijos de casi todos los jugadores del equipo campeón del futbol mexicano; el hijo de Eugenio Imaz Gispert, el contralor del gobierno del estado.
En la Escuela Americana se graduaron los vástagos del exgobernador de la entidad, Miguel Ángel Núñez Soto, y la hija del actual secretario de Educación Pública y aspirante al gobierno de la entidad, Jorge Romero Romero.
Quien más tuvo que ver con los trabajos –que a juicio de sus opositores constituye una “expansión arbitraria” de la jurisdicción territorial de esa escuela– y que también es responsable de que el Ayuntamiento de Pachuca haya puesto a disposición de ese colegio particular, maquinaria y personal del ayuntamiento, es Gerardo Saade. Él, además de fungir como miembro del Consejo de Administración de la Escuela Americana, es yerno del senador de la República, Jesús Murillo Karam.
Familia influyente

El enfrentamiento de mediados de agosto entre vecinos de San Javier y el Consejo de Administración de la Escuela Americana armó de valor a los padres de familia para denunciar las irregularidades que persisten al interior de este colegio desde hace cuatro años, “desde que Gerardo Saade Kuri preside el Consejo de Administración”, señalan. Otros testimonios apuntaron a que el problema surgió 12 años atrás, cuando la familia Murillo ingresó a esa Asociación Civil.
En torno a las críticas contra Saade Kuri, éstas precisan que ejerce como presidente del Consejo sin cumplir con los estatutos que rigen a la Escuela Americana. De acuerdo con esa normatividad interna, para ocupar el puesto se necesita preparación académica y experiencia en el área administrativa. Al parecer, Saade Kuri no posee ninguno.
Así mismo, los padres de familia denuncian que el yerno del exgobernador ha acordado la realización de otras obras y proyectos que atentan contra la excelencia educativa de los alumnos. A esa irregularidad se suma que alcanzó su reelección para un segundo periodo gracias a que, de manera poco clara, logró que una gran parte de los asociados le firmaran cartas-poder para que él pudiera utilizar los votos a su conveniencia.
Kuri obtuvo esta ventaja estratégica aprovechando que los estatutos de la asociación permiten que, en caso de necesidad, los asociados sean representados por un tercero. Los afectados afirman que Saade Kuri logró “arrancarles” las cartas-poder, aprovechando el control que aún ejerce Murillo Karam sobre muchas personas, que de alguna u otra forma dependen del gobierno. “Nos ha chantajeado”, comentan estos hidalguenses, al tiempo en que exhiben una copia en blanco de uno de esos poderes.
Entre otros ejemplos, dicen que uno de los proyectos que sacó adelante el presidente del Consejo de Administración es la construcción de una cancha de futbol rápido. Ese plan echó por tierra la construcción de una biblioteca que la mayoría de padres consideraron prioritaria para sus hijos. Adicionalmente –denuncian los afectados– esta cancha se convirtió en un negocio particular del Consejo, porque se rentaba a gente extraña a la escuela y de sus ingresos no se rendían cuentas a los asociados.
Otro de sus grandes proyectos es afiliar la Escuela Americana a la Escuela del Futbol, organización con la que mantiene innumerables nexos e intereses. La mayoría de padres de familia se oponen en virtud de que prefieren que la escuela a la que asisten sus hijos se vincule a un sistema de educación con alcance global, de manera que los egresados de la Escuela Americana tengan un nivel de excelencia reconocido en todo el mundo.
El interés de los padres no coincide con el de Saade, porque para mejorar la calidad educativa se requieren numerosas certificaciones y la calidad de los docentes, que hasta ahora –afirman– deja mucho que desear. Además, los salarios de los académicos certificados deberán incrementarse y ese tema, al parecer, no interesa al Consejo de Administración. Sin embargo, Saade podría realizar su proyecto. Al parecer, cuando él lo desee haría ese vínculo, ya que prácticamente se lleva la mayoría de votos.
Negocio redondo

Entretanto, en la Escuela Americana, todos los puestos del Consejo de Administración son honorarios y, por lo tanto, no remunerados. A pesar de que aparentemente el dinero no es el problema de fondo, alguna vez hubo hasta balazos entre los interesados en presidirla, expresan los asociados.
“La mayoría de los padres ignorábamos por qué tanta ambición, hasta que se destapó la cloaca en la administración del arquitecto Alejandro Sánchez, hace aproximadamente ocho años. Por ejemplo, ese arquitecto nos cobró a precio de oro la construcción de dos aulas y por eso acordamos denunciarlo penalmente; desafortunadamente, esa denuncia no prosperó”, comentan tres padres de familia.
Otros asociados agregan: “La escuela no tiene dueño, todos somos dueños”. Describen que para ingresar a la Asociación Civil, el interesado debe aportar una cuota inicial establecida en unos 30 mil pesos, además de pagar la colegiatura cada mes y, naturalmente, tener algún hijo estudiando en esa escuela.
En la Escuela Americana se imparte educación básica, preescolar, primaria y secundaria. De acuerdo con los estatutos de la Asociación Civil, la administración de la escuela recae en el Consejo de Administración, que se elige en una Asamblea General -órgano supremo de gobierno-. El cargo de presidente dura tres años y se permite la reelección por un periodo más.
Los informantes, que piden no ser identificados para evitar represalias contra sus hijos, agregan que tan sólo por el cobro de colegiaturas la Escuela Americana recibe ingresos de alrededor de cuatro millones y medio de pesos mensuales. Además, el gran negocio para quienes dirigen el Consejo sigue siendo, como en la administración pública, la construcción de obras. De ahí el interés del señor Saade de ampliar la escuela, comentan.
Historias de poder
Aquí en esta ciudad en donde confluye la elite pachuqueña, todo es posible. Incluso cerrar dos calles y derribar árboles sin los permisos correspondientes ni la aprobación de los vecinos afectados. Así lo afirman los entrevistados que ilustran con anécdotas la cotidianeidad del influyentismo y la corrupción.
Aseguran asociados y padres de familia que esas irregularidades ocurren bajo el consentimiento del director general de la institución, Nicéforo Ramírez. “Para no poner en riesgo su nada despreciable sueldo de 50 mil pesos mensuales, él accede a todo y nada ve”.
Estos hombres y mujeres también describen con la sonrisa en los labios –por lo increíble y chusco del caso– cómo lograron detener el cierre arbitrario de dos calles en beneficio de esa escuela, el pasado 14 de agosto.
“Durante la ceremonia de graduación de los alumnos que concluyeron su secundaría en el ciclo pasado, a todos los padres de familia nos sorprendió que llegara el secretario de Educación Pública, Jorge Romero Romero, toda vez que no estaba incluido en el programa”.
La sorpresa fue mayor cuando se enteraron que una de las niñas que recibía su certificado de secundaria era hija de Romero. “Pero lo más sorprendente e indignante para muchos, porque demerita la calidad de la escuela, fue que la niña, por problemas de conducta, había dejado el plantel varios meses atrás y sin embargo fue aprobada gracias a su influyente papá” relatan.
Otra de historias de poder, que tiene como escenario la Escuela Americana es la de un niño que pagó mil 500 pesos a sus compañeros para que golpearan a otro menor. “Quizás lo hizo imitando lo que ve en su casa”, infieren los entrevistados. Todos coinciden en que lo más insoportable es que cuando los alumnos salen a un lugar cercano de excursión, la escuela dispone que los autobuses sean escoltados, en la vanguardia y retaguardia, por una caravana de automóviles colmados de guaruras.
Cuando la Escuela demostró que su sistema había fracasado, fue cuando el Consejo de Administración estuvo en manos de personas que carecen del elemental sentido de la planificación y organización –afirman–, como ocurrió en la gestión del arquitecto Alejandro Sánchez.
“En ese periodo se anunció que se había descubierto el hilo negro con la contratación de un terapeuta para el área preescolar”. Al poco tiempo, los padres supieron que sus hijos quedaban en manos de una persona que estaba mal de sus facultades mentales.
“Sugestionaba a los niños y a los más inquietos los amarraba con cinta adhesiva a sus sillas, mientras que a otros los sentaba arriba de los anaqueles de más de dos metros de alto. Esto puso en entredicho la calidad de la educación de esa institución que aspira a tener prestigio mundial”, explicaron.
¿Un negocio más de los Murillo?
El temor que persiste entre los padres de los alumnos que asisten a la Escuela Americana es que la familia Murillo se apodere del plantel. De esa manera, se incrementaría la fortuna que ha acumulado esa dinastía desde que el senador Jesús Murillo Karam fue gobernador de la entidad.
Sus temores no son infundados. La ambición del exgobernador de la entidad quedó de manifiesto cuando en tan sólo seis años pasó de ser un modesto político al hombre más rico de Latinoamérica, según publicó en alguna ocasión el diario El Universal.
Los asociados recuerdan que cuando Jesús era gobernador, su hermano, José Murillo Karma, fue secretario del Club del Futbol Pachuca. En ese entonces, el estadio Hidalgo apenas se había construido. Luego de una extraña transacción económica que resultó desventajosa para las arcas públicas de la entidad, ese recinto pasó a manos de los actuales dueños.
Los quejosos no dudan que ante la debilidad jurídica la Escuela Americana ya tenga un sólo dueño, aunque no precisamente con los apellidos Murillo. “Eso es lo de menos”, concluyeron.
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Publicado: Año 2 / Septiembre 2007 / No. 22
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