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HIDALGO  

Desdén oficial al ecocidio en ixmiquilpan

Sergio Islas Medina / fotos, Contralínea Hidalgo
La mortandad de miles de peces, sólo tuvo como respuesta el silencio de las autoridades locales y federales. La entidad es el noveno lugar en mortandad infantil por diarrea; males renales y cánceres, efectos de la contaminación por aguas residuales del río Tula..

 

 

 


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A más de 30 días de la mortandad de miles de peces en las aguas del río Tula, los habitantes de Ixmiquilpan, Hidalgo, sólo encuentran indolencia e incapacidad gubernamental como respuesta a sus interrogantes para conocer las causas que originaron de este “ecocidio”, como lo calificaron los lugareños.

Y es que los comuneros y vecinos de las comunidades de “El Maye y “El Alberto”, de este municipio enclavado en el Valle del Mezquital, después de que denunciaron el hallazgo y entregaron muestras de los animales muertos y del agua a las autoridades competentes y a la Universidad Tecnológica del Valle del Mezquital (UTVM), para que les practicaran los estudios necesarios que determinara el origen de la muerte de los peces en esa parte del río, hasta ahora no se conoce la respuesta oficial.

En opinión del presidente de la Sociedad Ecologista Hidalguense (SEHI), Marco Antonio Moreno Gaytan, el silencio oficial entorno a este caso, a pesar de las numerosas declaraciones sin contenido, obedecen a dos razones: una, a la indolencia de las autoridades en materia ecológica ante el problema de la contaminación en la región del Valle del Mezquital, como consecuencia de las aguas negras que llegan desde la ciudad de México y la segunda y más grave, es que detrás de este silencio se estaría encubriendo la gravedad del problema, de lo que verdaderamente sucedió en ese lugar.

Si se analiza el agua, denunció el activista ecológico y se llega a comprobar que los peces murieron por heces fecales, por la contaminación de las aguas del río Tula con esos desechos, entonces -en automático- se vendría abajo el proyecto de ampliación de la presa “El Yathé” en Alfajayucan.

En el caso de que los resultados de los estudios comprobaran que la presencia de sustancias químicas fue la causa de la muerte de los animales, y de comprobarse que son derivados de desechos de Pemex o de cualquier otra empresa, quedaría al descubierto que no se ha hecho nada por el saneamiento de la cuenca hidrológica del río Tula.

Por otro lado, en virtud de que no existen antecedentes de muertes masivas de animales en la región y en este caso afectó de manera importante la supervivencia de las comunidades aledañas, resulta grave el silencio de las autoridades de los tres ámbitos de gobierno.

Sin embargo, los habitantes informan que en la región ya se han ha sido la respuesta a las denuncias de elevados casos de decesos de niños por diarreas, así como a los reportes sobre aumentos de cáncer y enfermedades renales, coincidentemente registrados en los poblados receptores de aguas negras provenientes de la ciudad de México.

Abandonados a su suerte

Para algunos funcionarios menores del gobierno estatal, el sorprendente hallazgo que reportaron las autoridades municipales de Ixmiquilpan, los comuneros de “El Maye” y “El Alberto”, el ecocidio sería sólo una estrategia publicitaria implementada por los indígenas de la región para atraer turistas. En tanto que para otros funcionarios de la Comisión Estatal del Agua (CNA), delegación Hidalgo, esa tragedia sólo se trata de un ardid de los habitantes de estas comunidades para obtener dinero fácil.

Entretanto, a un mes de la denuncia de este descubrimiento, en un recorrido que realizó Contralínea a la zona, con la guía del comisario de bienes comunales, de El Maye, Aurelio Morales Hernández, se constató que además de la existencia de al menos un centenar de peces muertos, la presencia de tres cuerpos de animales grandes (borregos o chivos), en avanzado estado de descomposición flotando en las agua pestilentes del río antes mencionado.

Entrevistado en el lugar de los hechos, Aurelio Morales recordó que en coordinación con sus homólogos de “El Alberto”, solicitaron por escrito a la CNA, a la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), a la Procuraduría Federal del Medio Ambiente (Profepa), a la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA) así como a la UTVM, su intervención para investigar la causa de la mortandad de peces.

“Pero hasta el momento no ha habido ninguna respuesta y por si fuera poco, ninguna autoridad se ha presentado a constatar los hechos”, comentó el comisario, quien recordó que tras conocer la tragedia, los habitantes del lugar señalaron como responsable del ecocidio a la paraestatal Petróleos Mexicanos (Pemex), ya que apenas unos días antes, en la refinería Miguel Hidalgo de Tula, -ubicada a unos 60 kilómetros de distancia del lugar de los sucesos- se registró una fuga considerable de diesel.

Más tarde, la paraestatal se deslindó de toda responsabilidad en los hechos al argumentar que no hubo derrama de combustible, pues todo se quemó. Sin embargo, esa explicación no dejó satisfechos a los vecinos de la región.

Este problema ha afectado a por lo menos 10 comunidades del municipio de Ixmiquilpan y otras tantas de los municipios de Taxquillo, Alfajayucan y Zimapan, aunque la gravedad del caso incidió más en las comunidades de El Maye, El Alberto y Cantinela, pues ahí son varias las familias que dependen de la pesca y del ecoturismo.

Los lugareños temen que disminuya o incluso que se ahuyente el flujo turístico como consecuencia de la información del caso que divulgó la prensa local sin informar de manera veraz y suficiente, las causas y alcance del fenómeno.

Quizás el efecto más grave y peligroso de este caso es que los peces del río constituyen el principal alimento de múltiples familias de esas comunidades, además de que las hortalizas para consumo humano se continúan regando con aguas presuntamente contaminadas.

Aguas venenosas

Tal vez sea ocioso esperar los resultados de los estudios para determinar los motivos de la muerte de carpas y mojarras en esta parte del río Tula, ya que a lo largo de décadas se han realizado y difundido múltiples estudios que demuestran la peligrosidad de las aguas residuales y su impacto negativo en el medio ambiente y la salud humana.

A manera de ejemplo, destaca la investigación denominada “Análisis de metales pesados en las aguas residuales del río San Javier y su repercusión en la salud y su impacto ambiental”, realizada por el departamento de Química de la Unidad Interdisciplinaria de Biología del Instituto Politécnico Nacional. Su objetivo fue realizar un monitoreo de las aguas residuales del Río San Javier, de la Ciudad de México, para determinar el grado de contaminación por metales pesados así como los efectos en el medio ambiente.

Entre los resultados más notables de ese estudio, se concluía que el cromo era el metal en mayor concentración en las aguas muestreadas. Cabe señalar que la toxicidad de este metal pesado produce efectos específicos a nivel celular en seres humanos y animales, ya que pueden existir interacciones entre el metal y los sistemas enzimáticos, membranas celulares, organelos y sobre el metabolismo celular en general.

De ahí se derivó que las descargas de agua residual provenientes de los afluentes que descargan en el Río San Javier (ubicado al norte del Distrito Federal) y que posteriormente van a parar al rio Tula, no cumplen con los límites permisibles de características químicas propuestos por la CNA. Es decir, esas aguas representan un riesgo para el medio ambiente y la salud de los seres vivos de la zona.

El estudio recomendó que esas aguas, aunque se deriven al final del tratamiento, no pueden ser empleadas como aguas de riego, ni mucho menos como potables, debido a que esos metales, durante el tratamiento del agua residual, no se eliminan en ninguna fase del proceso; por el contrario, se van acumulando en el organismo y con el paso del tiempo provocan la alteración de la salud pública.

En su introducción, el documento explica que el drenaje de la ciudad de México funciona mediante un sistema combinado en el que se vierten, al mismo tiempo, aguas residuales y pluviales. El sistema general del desagüe y el drenaje profundo, descargan esas aguas en el río El Salto y fluyen al río Tula así como a la presa Endhó. El río Tula desemboca en el río Moctezuma, y éste a su vez, en el río Pánuco para concluir su flujo en el Golfo de México.

El sistema general de desagüe capta las aguas residuales producidas en el Distrito Federal, si bien las más contaminadas son las que se derivan de la producción en las industrias automotriz, hulera y química, que contienen en aguas residuales metales pesados como el plomo, mercurio, cromo y arsénico, ente otros.

Al citado estudio se agregan otros datos escalofriantes. De acuerdo con la Profepa, las aguas residuales de la zona industrial Tula-Tepeji, -entre las que destacan las que vierten la termoeléctrica “Federico Pérez Ríos” y la refinería “Miguel Hidalgo” de Pemex, ubicadas en la ciudad de Tula de Allende-, son responsables de producir el 60 por ciento de la contaminación de esa región.

De tal manera que, cuando sus caudales fluyen hacia el drenaje municipal, incrementan el nivel de contaminación y por consiguiente es más costoso su tratamiento.

Para certificar la validez del estudio del departamento de Química de la Unidad Interdisciplinaria de Biología del Instituto Politécnico Nacional, otras investigaciones ubican a la entidad en el noveno lugar nacional al presentar el mayor número de muertes por enfermedades diarreicas de niños menores de cinco años de edad, con 50 muertes al año, asociadas a la contaminación del agua y a su alto contenido de metales pesados.

A este escenario se suman los testimonios de niños con problemas renales, así como el alto índice de muertes de adultos por cáncer, en el municipio de Tozontepec de Aldama, ubicado a unos 18 kilómetros de la ciudad de Tula, de los que dio cuenta Contralínea-Hidalgo en su edición número 9. Cabe destacar que los factores que comparten todos estos casos es que están directamente asociados con la contaminación de las aguas que consumen y que rodean su hábitat y el desdén oficial hacia esta condición.

En ese sentido, Marco Antonio Moreno Gaytán, presidente de la Sociedad Ecologista Hidalguense (SEHI), explicó que el silencio oficial, que a gritos desestimó la muerte de los peces, deja en claro la inacción en que se ha venido cayendo de manera permanente en torno a los problemas ambientales. El investigador responsabilizó a la CNA, a la Semarnat, a la Profepa y al Consejo Estatal de Ecología -este último por concurrencia, no por competencia, porque seria coadyuvante en la solución del problema, no por responsabilidad-, del deterioro que sufra la salud de la población en la zona afectada.

Moreno consideró que al investigar a fondo el origen y consecuencias de la muerte de los miles de peces dejaría al descubierto todo un mundo de corrupción en torno al manejo de las aguas residuales en el estado de Hidalgo.

“Quedaría claro que la CNA no hace inspección ni vigilancia para que no se use agua residual en el riego de hortalizas; quedaría en claro que la Profepa no realiza actividades de inspección ni vigilancia a las empresas para garantizar que no se violenten las normas oficiales mexicanas y la ley de equilibrio ecológico. Y quedaría en claro que el proyecto de la presa al Yathé, en Alfajayucan, en la que se pretende captar el excedente de aguas de la presa Endhó, esta equivocado”, concluyó el entrevistado.

Letrina gigantesca

La presa Endhó, calificada como la letrina más grande del mundo a cielo abierto, está ubicada en el municipio de Tepetitlan, al sur del estado de Hidalgo. Funciona como receptora de las aguas residuales provenientes de la ciudad de México que llegan a través del rio Tula y sus aguas contaminadas, sin tratar, se utilizan para el riego de 103 mil hectáreas de cultivos como: frijol, alfalfa, col, lechuga, avena, cebolla y maíz, entre otros.

Además, la presa Endhó abastece de líquido contaminado a otras presas como la “Vicente Aguirre”, en Alfajayucan, en donde se reproducen peces que posteriormente se distribuyen en el mercado de la Viga en la Ciudad de México.

 

 

Publicado: Año 2 / Marzo 2007 / No. 18



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