El gobierno actual del estado de Hidalgo adoptó la bandera de la trasparencia, pero sólo se sabe lo que nos han querido decir, y en el Congreso local la moda es el consenso, pero el de un solo hombre, el del Coordinador de la Junta Legislativa, José Antonio Rojo García de Alba. En ese órgano colegiado por excelencia, las órdenes no se discuten, se obedecen.
Acostumbrado a mandar y a ser obedecido desde la cuna, --es hijo de Jorge Rojo Lugo y nieto de Javier Rojo Gómez, dos ex gobernadores de la entidad- Rojo García de Alba para demostrar su poder, demás de su autoritarismo, le ha impreso su propio estilo de gobernar al Congreso el que se ha caracterizado por la impuntualidad.
Desde abril del 2005, en que tomó posesión como diputado local y como Coordinador de la Junta Legislativa, para nadie es extraño que las sesiones se ajusten a la agenda del coordinador. Pueden empezar hasta una hora después de lo programado, suspenderse o cambiar la agenda.
Para el aspirante a gobernar a los hidalguenses, el Poder Legislativo parece ser de su propiedad, sus correligionarios -incluyendo los de oposición- sus empleados y los reporteros de la fuente y los ciudadanos que asisten al resiento oficial, son parte del inventario.
Pero lo triste es que ha si parece ser porque nadie le ha reclamado su falta de respeto a la institución y a los hidalguenses.
Para quien ha seguido de cerca su carrera política este estilo de gobernar no es extraño. En su paso como presidente del PRI estatal, en la Secretaría de Desarrollo Social local y como diputado federal la historia ha sido la misma.
Como presidente del PRI, a los cenecistas los dejó esperando más de cuatro horas, en un evento en el que el dirigente inauguraría sus oficinas; como Secretario de Desarrollo Social en el gobierno de Manuel Ángel Núñez Soto, dejó esperando al entonces coordinador del Congreso, Jorge Rocha Trejo más de cinco horas y al final nunca lo recibió, y ya como coordinador hizo esperar más de una hora a una delegación de funcionarios y legisladores chinos.
Pero tal vez por respeto a su abolengo, en una entidad en donde pesa más el nombre que las instituciones y la ley, nadie le reclamó en su momento su desdén hacia la gente. Como tampoco ahora nadie alza la voz para exigirle, por lo menos, respeto.
Un botón de muestra
Para no ir más lejos, el pasado 13 de junio, para conmemorar el 139 aniversario del natalicio del héroe de Zacualtipán, el general Felipe Jesús Ángeles Ramírez, el Congreso se trasladó a ese municipio serrano en donde sesionaría a las 11 horas, frente a alumnos de las escuelas locales, autoridades y vecinos del lugar.
A las 10:30 empezaron a arribar los legisladores priístas, panistas, petistas, verde ecologistas y perredistas que participarían en la sesión, mientras que el personal del Congreso acondicionaba a toda prisa lo que sería, en unos minutos más, el recinto oficial.
Después de un nutritivo desayuno a base de tortas de tamal, a las 11:22 los 24 congresistas arribaron al templete de la plaza cívica de Zacualtipán. Todo parecía listo, sin embargo la ausencia del coordinado, José Antonio Rojo, retrasaba el inicio de la sesión, ante la desesperación de algunos de los más de cien asistentes al debate legislativo.
Mientras, en el templete la situación no era ajena, los legisladores se miraban unos a otros, bromeaban en voz baja e inclusive, para destensar la situación, el perredista Juan Ortiz Simón, puso en práctica sus dotes de comediante, contando sus mejores chistes a sus compañeros.
El reloj de la plazuela tocó el Himno Nacional, marcando las 12 del día sin que la sesión diera inicio.
Por fin y como ya se ha hecho costumbre, José Antonio Rojo, sin ninguna prisa, arribo a la plaza en su lujosa camioneta, descendió de ella y de forma pausada y con pasos cortos se acerco al lugar de la reunión, en donde fue recibido por uno de sus colaboradores, quien le hizo entrega de unos documentos, demorando aún más el inicio de la esperada sesión.
Por fin, a las 12:16, una hora y cuarto más tarde de lo programado, inicio la ceremonia, sin que el coordinador del Congreso, José Antonio Rojo García de Alba, pronunciara una disculpa a los asistentes o a sus compañeros legisladores y lo que es aún más triste y lamentable, que nadie se atreviera a reprochar la actitud déspota y prepotente del legislador priista.
Pero lo más reprochable en este caso es el triste papel que ha desempeñado la oposición al someterse al coordinador de la Junta Legislativa, José Antonio Rojo, cediéndole el espacio suficiente para que ejerza a su antojo su dominio al interior de esta institución que se supone democrática.
Las manos libres con las que ha actuado el coordinador de la Junta Legislativa, se ve reflejado en algunas otras funciones de competencia exclusiva de este poder como lo es la fiscalización de los recursos públicos.
Publicado: Año 2 / Julio 2007 / No. 20
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